La Barcelona del siglo XIX previa al Plan Cerdà vivió una transformación del paisaje urbano con el auge del uso de la cerámica en la construcción y decoración de las fachadas. Actualmente, en Barcelona solo se conservan restos de una de las alfarerías donde se producía esta cerámica: la fábrica Tarrés, el obrador de este tipo más importante que tenía la ciudad. Los restos del taller de Antoni Tarrés se encuentran en el yacimiento arqueológico situado en el solar de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona (UB), en el barrio del Raval, y cada verano se realizan excavaciones que los profesores y el alumnado de este centro estudian como muestra de patrimonio industrial. En la última campaña se han puesto al descubierto estructuras del taller ocultas hasta ahora y múltiples piezas elaboradas en la fábrica, como jarrones, macetas y azulejos que decoraban las fachadas de las casas de Barcelona.
Desde el punto de vista patrimonial, el solar de la antigua fábrica Tarrés se caracteriza por conservar casi todos los espacios productivos del taller, lo que permite reconstruir el proceso de fabricación de los productos. En la campaña de 2019 se ha excavado en el ámbito del molino —cuya función era probablemente triturar los elementos básicos para los esmaltes y vidriados—, donde se han encontrado un conjunto de estructuras integradas por depósitos y piletas. Entre los materiales encontrados que se habían producido en la fábrica destacan un conjunto de macetas con escenas infantiles, azulejos con motivos decorativos, jarrones y tiestos con elementos vegetales, sifones de tuberías, e incluso un cartel funerario. También se ha encontrado material del taller francés de L. Colle, lo que demuestra la relación entre este obrador y el de los Tarrés. Por otra parte, los trabajos realizados han puesto en evidencia que todavía queda mucho por excavar y mucho material por conocer.
Los restos que se han encontrado hasta ahora aportan información sobre la vida de la Barcelona de inicios de la industrialización: cómo funcionaba una casa fábrica como la de Tarrés o la importancia de la cerámica como elemento de construcción y decoración. Una normativa municipal de 1846 permitió elevar las fachadas de Barcelona a cien palmos si se decoraban de forma adecuada, lo que explica el aumento de la producción en alfarerías como la de Tarrés, que elaboraba estos elementos decorativos. Actualmente todavía se pueden ver más de sesenta trabajos de Tarrés en distintos edificios de Barcelona.

 
Desde el punto de vista académico, tener un yacimiento como este en el solar de la Facultad de Geografía e Historia ofrece la posibilidad, casi excepcional, de que los alumnos del grado de Arqueología puedan hacer prácticas en el mismo centro donde estudian, gracias a un convenio entre la Universidad y el Ayuntamiento de Barcelona, que es la entidad titular del solar. Desde 2014, verano tras verano, los estudiantes participan en una campaña coordinada por el catedrático Josep Maria Gurt y dirigida por el arqueólogo Jacinto Sánchez Gil de Montes. Además, el yacimiento acoge el proyecto de divulgación ArqueUB, que permite a estudiantes de secundaria y bachillerato realizar una estancia en la excavación arqueológica, al tiempo que se llevan a cabo acciones divulgativas para el público general. (Fuente: UB)

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