Brasil es el país que alberga la mayor parte de la selva amazónica, pero la deforestación y la degradación forestal es un problema crónico. La expansión de la frontera agrícola para el cultivo de soja y la creación de pastos para la ganadería es la principal responsable de este problema.

 

la deforestación en la Amazonia es la explotación de su inmensa riqueza. Encabezando la desaparición de masa forestal encontramos la conversión del terreno en plantaciones agrícolas o en zonas de pastoreo, la construcción de carreteras, la extracción maderera, las actividades mineras o la especulación agraria, todas ellas, en muchas ocasiones, realizadas de manera ilegal o, cuando menos, irregular. Desde los años 90, los protagonistas de la deforestación han sido la expansión de terrenos para la cría de ganado y para plantaciones de soja y aceite de palma.

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Tiene un impacto significativo en el clima local
La pérdida de la cubierta forestal en la Amazonia tiene un impacto significativo en el clima local de Brasil, según un nuevo estudio.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió que los incendios forestales en esta región amenazan “… este precioso recurso natural …” y que el bosque ayuda a mitigar los efectos del cambio climático.

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La información sobre los efectos de la deforestación en la Amazonia y la forma en que puede intensificar el cambio climático, particularmente a nivel local, ha sido publicada en acceso abierto en la revista ‘Frontiers’.

Utilizando datos satelitales, Jessica Baker y Dominick Spracklen, de la Universidad de Leeds, evaluaron las consecuencias climáticas de la deforestación en la Amazonía entre 2001 y 2013. Descubrieron que la deforestación hace que el clima local sea más cálido y que el calentamiento se intensifica a medida que aumenta la gravedad de la deforestación.

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Los bosques intactos en la región, aquellos que cuentan con menos del 5 por ciento de pérdida de dosel, registraron la mayor estabilidad climática en los últimos diez años, mostrando solo pequeños aumentos de temperatura.

Las áreas que tenían una cubierta arbórea reducida a menos del 70 por ciento se calentaron 0’44 grados centígrados más que los bosques intactos vecinos durante el período de estudio, según la información de la Universidad de Leeds recogida por DiCYT.

 

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Un tercio de la deforestación global del bosque tropical ocurre en el Amazonas brasileño. (Foto: Alexander Lees)

 

Las diferencias entre los bosques intactos y los perturbados fueron más pronunciadas durante la parte más seca del año, cuando se observaron aumentos de temperatura de hasta 1’5 grados en áreas afectadas por una deforestación severa. Un aumento adicional al incremento de temperatura global impulsado por el cambio climático.

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Baker asegura que “los incendios forestales de la Amazonia nos han recordado a todos el importante papel que juegan los bosques en nuestros sistemas globales, pero no se puede pasar por alto que los bosques intactos del Amazonas también son de vital importancia para el clima local de Brasil”.

 

“Un bosque amazónico intacto y saludable ayuda a regular el clima local e incluso puede actuar como amortiguador de los efectos del cambio climático, en comparación con los bosques perturbados”, agrega.

 

El coautor del estudio Dominick Spracklen asegura asimismo que la deforestación “disminuye la cantidad de agua que el bosque emite a la atmósfera a través de un proceso llamado evapotranspiración”. “La evapotranspiración puede considerarse como el bosque ‘sudando’. Cuando la humedad emitida por los bosques se evapora, enfría el clima local. La deforestación reduce la evapotranspiración, eliminando esta función de enfriamiento y haciendo que las temperaturas locales aumenten”, subraya.

 

Paralelamente, concluye, “a medida que aumentan las temperaturas, esto aumenta el estrés por sequía y hace que los bosques sean más susceptibles a la quema”.

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