Muchas especies migran en horarios nocturnos y quedan peligrosamente enceguecidas con la iluminación artificial, por razones que aún el hombre no ha logrado comprender del todo. Las luces sobre rascacielos, aeropuertos, y estadios atraen a los pájaros a las áreas urbanas, donde, como armas arrojadizas, se impactan contra las paredes, las ventanas, unas contra las otras, o mueren, simplemente, de extenuación.

 

 

Nuevo trabajo publicado en ‘Proceedings of the Royal Society B’ sugiere que las aves desorientadas por la luz artificial de los edificios iluminados en la noche envían llamadas de vuelo que pueden llevar a la muerte a otras aves cercanas.

“Las llamadas de vuelos nocturnos probablemente evolucionaron para facilitar la toma de decisiones colectivas entre las aves durante la navegación, pero este mismo comportamiento social ahora puede exacerbar la vulnerabilidad a una perturbación antropogénica generalizada: la luz artificial de los edificios”, resume el biólogo evolutivo de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, Benjamin Winger, primer autor del estudio.

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El trabajo se basa en datos de colisión de aves recopilados en Chicago por investigadores del Field Museum a partir de 1978 y, más recientemente, por grupos de voluntarios en Chicago y Cleveland.

 

Las aves que producen ‘llamadas de vuelo’ durante la migración nocturna chocan con edificios iluminados con mucha más frecuencia que las especies relacionadas que no producen ese tipo de llamadas.

 

Además de realizar un amplio análisis regional de las frecuencias de colisión, los científicos analizaron datos del centro de convenciones de la orilla del lago de Chicago, que se sabe que es un peligro para las aves migratorias. Descubrieron que cuando más luces se dejaban encendidas en la noche durante la migración, más aves chocaron con el centro de convenciones y murieron.

 

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“Aunque el centro de convenciones sigue siendo uno de los edificios más peligrosos en Chicago para las aves que emigran de noche, los cambios en su régimen de luz han resultado en una reducción del 75 por ciento en las muertes de aves desde que comencé a monitorear en 1978”, dice en un comunicado el coautor del estudio David Willard, ornitólogo retirado del Field Museum que dirigió la recolección de datos en Chicago. “Nuestro nuevo análisis muestra que implementar mayores reducciones de la luz aquí y en otras partes de Chicago ayudará enormemente a reducir las muertes de aves”, aconseja.

La migración de aves a larga distancia es una de las hazañas más impresionantes del reino animal. Pero muchas especies de aves migran por la noche, lo que dificulta la observación directa de individuos migrantes. Muchos aspectos de estos viajes estacionales siguen siendo un misterio. Al volar de noche, muchas especies de aves migratorias producen vocalizaciones cortas conocidas como ‘llamadas de vuelo’. Los científicos sospechan que estas llamadas débiles y de alta frecuencia son señales que ayudan al grupo con la orientación, la navegación y otras decisiones colectivas.

 

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Para investigar la importancia de las ‘llamadas de vuelo’ como señales sociales para la toma de decisiones colectiva, Winger y sus colegas examinaron la relación entre estas y las respuestas a un estímulo altamente perturbador: la luz artificial en la noche. Las aves y muchos otros tipos de organismos son atraídos hacia las fuentes de luz, una respuesta llamada fototaxis. Las colisiones nocturnas posteriores con estructuras iluminadas son una causa importante de mortalidad aviar.

Los científicos sospechan que el deslumbramiento desorienta a las aves migratorias. Las aves navegan durante la migración en parte al sentir el campo magnético de la Tierra, y algunos científicos han especulado que la luz artificial puede interrumpir un compás magnético interno sensible a la luz. Estudios anteriores han demostrado que las tasas de vuelo nocturno aumentan cuando los grupos migratorios vuelan sobre ciudades iluminadas, en comparación con las áreas no iluminadas, lo que sugiere que las aves reaccionan al estímulo de la luz vocalizando.

En el nuevo estudio, Winger y sus colegas utilizaron los datos de monitoreo de colisiones existentes de Chicago y Cleveland para probar la influencia del comportamiento de las llamadas de vuelo en las tasas de colisión en edificios nocturnos. El conjunto de datos de la colisión de Chicago incluye casi 70.000 registros de 93 especies, todos ellos pájaros cantores de cuerpo pequeño que migran predominantemente por la noche. Estas especies se reproducen al norte de Chicago durante el verano y migran a través de la región en grandes cantidades.

Varias especies de gorriones, currucas y zorzales conforman la mayoría del conjunto de datos de colisión de Chicago, con miles de individuos de cada especie que sufren colisiones letales. Estas especies son conocidas de manera informal por los científicos como especies “súper colisionadoras” debido a sus altas tasas de colisión.

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