Un equipo internacional ha elaborado un mapa genético de la península ibérica cuya cronología abarca los últimos 8.000 años. La investigación, publicada en la revista Science, ha sido coliderada por científicos del Consejo Superior español de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y la Universidad de Harvard (Estados Unidos). En el estudio también han participado científicos de la Universidad de Barcelona (UB), concretamente miembros del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas (SERP).
Para llevar a cabo la investigación, los expertos han analizado los genomas de 271 habitantes de la Península en diferentes épocas históricas y los han contrastado con los datos recogidos en estudios previos de otros 1.107 individuos antiguos y de 2.862 modernos. Los resultados muestran una imagen inédita de la transformación de la población ibérica a lo largo de las diferentes etapas prehistóricas e históricas.
Han participado en la investigación los miembros del SERP Josep María Fullola, director de este grupo de investigación, Javier López Cachero, Xavier Oms, Joan Daura (investigador Ramón y Cajal adscrito al SERP-UB), Juan Ignacio Morales (investigador Juan de la Cierva adscrito al SERP-UB), Montserrat Sanz (investigadora Juan de la Cierva adscrita al SERP-UB) y Artur Cebrià. La contribución de la Universidad de Barcelona ha consistido en aportar muestras para el estudio.

 

Hace entre 4.000 y 4.500 años, la llegada a la Península de grupos descendientes de pastores de las estepas de Europa del Este supuso el reemplazo de aproximadamente el 40 % de la población local y de casi el 100 % de los hombres. De forma progresiva durante una etapa que pudo durar unos cuatrocientos años, los linajes del cromosoma Y presentes hasta entonces en la Iberia de la Edad del Cobre fueron sustituidos casi totalmente por un linaje, el R1b-M269, de ascendencia esteparia. No se puede precisar qué impulsó este proceso: no hay evidencia de violencia generalizada en ese periodo y una explicación alternativa sería que las mujeres ibéricas locales prefirieran a los recién llegados en un contexto de fuerte estratificación social. En este sentido, los datos genéticos deben conjugarse con las evidencias de otros campos, como la arqueología y la antropología.
La distribución de la corriente genética desde África hacia la Península es mucho más antigua de lo documentado hasta el momento. El estudio confirma la presencia en el centro de la península ibérica, en el yacimiento de Camino de las Yeseras (Madrid), de un individuo procedente del norte de África que vivió hace unos 4.000 años. Asimismo, corrobora la existencia de un nieto de emigrante africano en un yacimiento gaditano de la misma época. Ambos individuos portaban considerables proporciones de ancestralidad subsahariana. Sin embargo, se trata de contactos esporádicos que dejaron poca huella genética en las poblaciones ibéricas de la Edad del Cobre y del Bronce.
Además, los resultados indican que hubo flujo génico norteafricano en el sureste de la Península en época púnica y romana, mucho antes de la llegada de los musulmanes en el siglo VIII.
El análisis del mapa genético permite constatar profundas modificaciones en la población de la península ibérica en períodos históricos más recientes. Los resultados muestran que, para cuando comenzó la Edad Media, al menos un cuarto de la ancestralidad ibérica había sido reemplazada por nuevos flujos de población provenientes del Mediterráneo oriental (romanos, griegos y fenicios). Uno de los ejemplos de este fenómeno mencionados en el trabajo es la colonia griega de Empúries, en el noreste peninsular, fundada entre el año 600 aC y el período tardorromano. En este caso, los veinticuatro individuos analizados se dividen en dos grupos de herencia genética distinta: uno compuesto por individuos con una ancestralidad típica griega y otro compuesto por población genéticamente indistinguible de los íberos del cercano poblado de Ullastret.
Este estudio, junto con otro publicado el mismo día en Current Biology, identifica por primera vez la presencia de una estructura genética espacial y temporal entre los cazadores recolectores de la península ibérica durante el Mesolítico (hace aproximadamente 8.000 años). En el noroeste, los cazadores mesolíticos que vivieron pocos siglos antes de la llegada de los primeros agricultores muestran una afinidad genética con los cazadores recolectores centroeuropeos. Esa ancestralidad no estaba presente en los anteriores cazadores recolectores de esa misma región ni en los cazadores recolectores contemporáneos del sureste de Iberia a finales del Mesolítico. (Fuente: UB)

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