La acidificación de los océanos es una consecuencia del dióxido de carbono (CO2) atmosférico emitido por fuentes antropogénicas. El CO2 se disuelve en el agua marina, y la reacción entre diversas sustancias que se encuentran en equilibrio hace disminuir el pH del agua (es decir, se acidifica), así como la concentración de los carbonatos; todo ello podría afectar a los crustáceos, porque podrían disolverse los minerales que componen sus caparazones. Asimismo, la disminución del pH puede afectar en la solubilidad, absorción y toxicidad de los metales y, particularmente, de los metales pesados del entorno marino.
En aguas oceánicas la salinidad se mantiene bastante constante y se han podido llevar a cabo muchas investigaciones en torno a la acidificación tanto de mares como de océanos. En los estuarios, sin embargo, las condiciones son muy variables —temperatura del agua, salinidad, etc.—, por el gran impacto que ejercen sobre ellos las mareas, las crecidas…, y, como consecuencia, apenas existe información, referencias bibliográficas o ecuaciones relacionadas con la acidificación de los estuarios.
Eso es, precisamente, lo que investiga Leire Kortazar, investigadora del Departamento de Química Analítica de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), en tres estuarios vizcaínos: los estuarios de Urdaibai, de Plentzia y del Nerbioi-Ibaizabal. “La razón de esta elección ha sido los diferentes niveles de contaminación de los estuarios: Urdaibai es Reserva de la Biosfera, y el Nerbioi-Ibaizabal ha estado históricamente contaminado debido a la industrialización”, apunta la investigadora. Durante tres años han estado realizando muestreos periódicos trimestrales con el fin de verificar la existencia de variaciones estacionales.

 

 

En este trabajo se ha estudiado la forma de tratar los datos para determinar de una manera exacta el nivel de acidificación de las muestras de aguas de estuarios, caracterizados por tener niveles de salinidad tan variables. También se ha desarrollado una ecuación matemática para calcular el pH de las aguas de estuarios y se han estudiado las variaciones estacionales de diversos parámetros, como los relacionados con la acidificación, las cantidades de nutrientes y el oxígeno disuelto en el agua.
En vista de las mediciones y cálculos llevados a cabo hasta ahora, Kortazar concluye que “los valores obtenidos en Urdaibai y Plentzia son razonables y normales, pero los valores de Nerbioi-Ibaizabal advierten de que este estuario no está completamente recuperado de su contaminación histórica. Además, parece haber algún tipo de contaminación que afluye por el río Galindo de manera constante”, aunque no han conseguido determinar su procedencia.
En el laboratorio, a pequeña escala, han conseguido probar que la disminución del pH de las aguas provoca la disolución de los metales contenidos en los sedimentos, lo que puede dar lugar a que los metales contenidos en el agua lleguen a los seres vivos y se introduzcan en la cadena trófica. Ese será, exactamente, el siguiente paso en la investigación: por una parte, seguir registrando datos de los estuarios, para llegar a comprender los mecanismos de acidificación de los estuarios y, por otra, observar el impacto que produce en los moluscos la acidificación de los estuarios. “Un periodo de tres años es insuficiente para determinar la disminución del pH. Todavía queda mucho por hacer en torno al efecto de la acidificación de los estuarios; pero en esta investigación hemos dado un gran paso en ese sentido”, explica la investigadora. (Fuente: UPV/EHU)

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