Para subsistir bajo las condiciones ambientales hostiles de las zonas de alta montaña alpina y mediterránea, las especies vegetales ponen en marcha mecanismos fisiológicos según una investigación realizada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) (España).

 

En el trabajo, publicado en Physiologia Plantarium, se trata de una revisión bibliográfica en la que se describen una serie de mecanismos de respuesta e indicadores de estrés abiótico para evaluar rápidamente la aptitud de la planta en ambientes de alta montaña.

 

Entre ellos, el isótopo de carbono y el contenido de prolina (un aminoácido) como indicadores de estrés por sequía y temperaturas extremas; pigmentos fotosintéticos, relacionados con fenología, estado de nutrientes, estrés por luz y temperatura; y la acumulación de carbohidratos no estructurales en respuesta a condiciones de sequía leve o breve.

 

“El conocimiento de estas respuestas garantizará una mayor comprensión sobre la vulnerabilidad de las comunidades vegetales de alta montaña de sistemas de clima Mediterráneo, permitiendo el desarrollo de medidas eficientes de protección de la flora”, justifica Rosina Magaña Ugarte, investigadora del departamento de Farmacología, Farmacognosia y Botánica de la UCM.

 

Entre los factores medioambientales de estas zonas de alta montaña –desde la línea donde dejan de haber árboles (pinos) hasta las cumbres– los más influyentes sobre la vegetación son las bajas temperaturas, la alta radiación solar y, en el caso particular de los ambientes Mediterráneos, la sequía estival acompañada de las altas temperaturas.

 

“Es por ello que la vegetación de la alta montaña está dominada por herbáceas y algunos arbustos rastreros, de baja estatura, para poder subsistir a las presiones medioambientales extremas características de la alta montaña”, explica Magaña Ugarte.

 

El estudio se ha llevado a cabo en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en la montaña conocida como la Bola del Mundo (Comunidad de Madrid) y ha incluido una representación de la gran variedad vegetal de alta montaña: especies herbáceas dominantes (Festuca curvifolia), especies endémicas que las zonas de montaña de la península ibérica (Armeria caespitosa y Erysimum humile subsp. penyalarense), y el enebro rastrero (Juniperus communis subsp. alpina).

 

Actualmente, se están analizando los datos recabados en los dos años anteriores referentes a metabolitos indicadores de respuesta al estrés medioambiental/condiciones climáticas extremas como “la acumulación de solutos compatibles para contrarrestar el estrés hídrico o de temperaturas extremas; medidas de intercambio gaseoso, y micro-morfología foliar de especies antes mencionadas”, indica la experta de la UCM.

 

Además, este trabajo busca cerrar la brecha de conocimiento entre la vegetación de alta montaña Mediterránea y la de sistemas más estudiados de clima templado como los Alpes para así “poder aclarar la vulnerabilidad de estas comunidades vegetales ante los efectos del cambio climático, que serán sumamente desfavorables para la región del Mediterráneo”, concluye Magaña Ugarte. (Fuente: UCM/DICYT)

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