Tener una vida saludable es una prioridad para todos, pero muchas veces tenemos hábitos muy arraigados que, sin darnos cuenta, nos están alejando cada vez más de ese objetivo.

Evita el consumo de alcohol 

Según la OMS, no existe un nivel seguro de consumo de alcohol, incluso niveles bajos de consumo de alcohol pueden estar asociados con riesgos significativos para la salud.

El alcohol no es parte de una dieta saludable. En general, beber demasiado, o con demasiada frecuencia, aumenta su riesgo inmediato de lesión, además de causar efectos a largo plazo como daño hepático, cáncer, enfermedad cardíaca y enfermedad mental”, dice la OMS.

En definitiva, debemos alejar el alcohol de nuestras vidas si queremos empezar a vivir de forma más sana. No quiere decir que debemos evitar a toda costa la más mínima copa, pero que el alcohol sea una costumbre en nuestras vidas, es una mala señal.

 

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Limita el consumo de azúcar

A estas alturas pareciera que no es necesario mencionarlo, pero muchos todavía consumen cantidades extremas de azúcar como si su ingesta no tuviera efectos secundarios. El exceso de azúcar aumenta el riesgo de aumento de peso y obesidad, lo que puede llevar a problemas de salud crónicos y graves.

Una de las claves para consumir menos azúcar es notar la cantidad de azúcares “ocultos” que pueden encontrarse en los alimentos y bebidas procesados. Una sola lata de bebida puede contener hasta 10 cucharaditas de azúcar agregada, y eso es solo el principio.

Limita el consumo de dulces y bebidas azucaradas. Evita dar alimentos azucarados a los niños. Ni la sal ni el azúcar no deben agregarse a los alimentos de los niños menores de 2 años.

 

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Consume menos de ciertas grasas y aceites

Nuestro cuerpo requiere de una cierta cantidad de grasa en nuestra dieta, pero comer demasiado, especialmente los tipos más nocivos, aumenta los riesgos de obesidad, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular.

Las peores son las grasas trans, que son producidas industrialmente. Una dieta alta en este tipo de grasa aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca en casi un 30%. Para evitar sus efectos, reemplaza mantequilla y manteca por aceites más saludables como soya, canola y maíz.

Limita el consumo de carnes procesadas y dale prioridad a las carnes blancas sobre las rojas.

Reduce el consumo de sal

No solo del azúcar debemos cuidarnos. Un nivel demasiado alto de sal puede elevar la presión arterial, que es un factor de riesgo importante para las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares. La mayoría de las personas en todo el mundo se exceden por mucho del límite diario de sal, que es de 5 gramos (una cucharadita).

Incluso si no agregamos sal a nuestros alimentos, debemos ser conscientes que muchos alimentos y bebidas procesadas ya contienen altas cantidades de sal.

¿Cómo puedes lograrlo? Usa sal con moderación al cocinar, y reduce el uso de salsas y condimentos salados. Evita agregar más sal a la comida una vez que está preparada. Revisa las etiquetas de los alimentos y busca productos con menos contenido de sodio.

Come con variedad

El único alimento del mundo que contiene todos los nutrientes necesarios es la leche materna, por lo que el resto de nuestras vidas estaremos obligados a encontrar el equilibrio necesario por medio de una dieta rica y variada.

Es necesario comer una mezcla de alimentos como trigo, maíz, arroz y papas con legumbres como lentejas y porotos o frijoles, fruta fresca y verduras, y alimentos de origen animal (carne, pescado).

Elige alimentos ricos en fibra, que dejan la sensación de estar saciado por más tiempo. Dale prioridad a las carnes magras. Prueba cocinar al vapor o hervir en lugar de freír alimentos.

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