Ser criados en hogares disfuncionales tiene incontables consecuencias para los niños, y también para el resto de la familia. Estos son algunos de los síntomas más comunes.

  Una familia disfuncional es una familia en la que la mala conducta, los conflictos y en los casos más severos, el abuso, son ocurrencias cotidianas y los miembros de las familia, padres e hijos, pueden llegar a pensar que estos comportamientos son normales y por lo tanto se ajustan a ellos sin cuestionarlos.

El abuso es una extralimitación del poder de los padres para hacer daño a los más vulnerables, los hijos. El abuso puede ser físico, psicológico y/o sexual. Sin importar el tipo, todas las formas de abuso generan graves consecuencias para las víctimas.

No hace falta decir que estas acciones, lejos de promover el desarrollo de los niños, lo perjudica considerablemente y a largo plazo. Estas son 5 características de los hogares disfuncionales, que muchas veces pasan desapercibidas porque las tomamos como algo “normal” o “común” y nos cuesta trabajo reconocerlas como abusivas.

Lo impredecible y lo caótico es lo cotidiano

Los niños necesitan seguridad y consistencia para crecer de forma normal y sana. Los hogares disfuncionales son todo lo contrario. Nunca saben cómo reaccionarán sus padres y si bien hoy las cosas pueden haber sido tranquilas, los más pequeños viven en la incertidumbre eterna del “¿qué pasará mañan” y esto deja heridas emocionales (e incluso físicas) de las que puede tomar años recuperarse.

No puedes hablar de lo que sucede en casa

Una de las características típicas de un hogar abusivo es la prohibición de hablar de lo que ocurre puertas adentro. Crean un ambiente en el que las demás personas no tienen por qué saber lo que sucede en la intimidad. Muchas veces también se le exige a los niños que no confíen en los demás y de una forma u otra, que supriman sus sentimientos.

El hermetismo, los secretos, la desconfianza y el abuso dejan huellas terribles sobre los más vulnerables.

El abuso está presente

Este es el síntoma más evidente de un hogar disfuncional. Ya sea emocional, físico, sexual o todos los anteriores. Como se mencionó, el abuso es un exceso ilógico del poder por parte de las figuras de autoridad contra los hijos o contra sus compañeros (parejas, ya sea hombre o mujer).

El abuso da lugar a toda clase de relaciones y patrones poco saludables que los niños pueden mantener por el resto de sus vidas, e incluso repetirlos con sus propios hijos.

Los miembros de la familia son intolerantes entre sí

Los hogares disfuncionales son lugares donde el amor no crece sino que es aplastado, y los defectos de los miembros de la familia, en vez de ser tratados como algo en lo que hay que esforzarse para superar, son vistos como síntomas de debilidad y criticados por uno o todos los demás miembros, a veces de forma muy cruel.

La empatía y comprensión por los sentimientos y pensamientos de los demás es muy baja o inexistente.

Los trastornos o adicciones llevan a la violencia doméstica

Muchas veces, uno o ambos padres sufren de alguna adicción o trastorno emocional o mental no tratado, y los hijos con frecuencia son testigos de la violencia doméstica que resulta de las manifestaciones de estos problemas, como gritos, discusiones aireadas o incluso violencia física.

Esto aterroriza y confunde a los niños, que pueden crecer pensando que estas acciones son normales y serán potencialmente más vulnerables al abuso o más propensos a ser abusadores en sus vidas adultas.

Los efectos de ser criado en una familia disfuncional pueden sentirse años después tanto en padres como en hijos. Puede llevar a vidas difíciles en las que prima el miedo y la desconfianza hacia los demás, donde la empatía es nula y la intolerancia es muy alta.

Las familias disfuncionales requieren de intervención terapéutica profesional para poder romper el ciclo de abuso por el bien de la salud mental de las víctimas, y por el bien de las futuras familias de los hijos, que pueden ser más vulnerables al abuso.

Fuente:La Mente es Maravillosa

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